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Recital de poemas de José Agustin Goytisolo

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jueves, 30 de enero de 2020

JOSÉ AGUSTÍN GOYTISOLO




AnaAlejandre
José Agustín Goytisolo


José Agustín Goytisolo
(Barcelona, 1928 - id., 1999), poeta español, encuadrado en la Generación de los 50. Hermano mayor de los escritores Luís Goytisolo y Juan Goytisolo, tuvo una notable carrera dentro de la poesía. Aunque también fue traductor, así como articulista de temas literarios y autor de cuentos- Su obra literaria, extensa y variada, ha sido objeto de estudio por ensayistas y críticos literarios.

Su obra tiene como característica principal que supo aunar la experiencia individual y el compromiso social, y ofrece evidentes muestras de poseer una fuerte influencia biográfica. Tiene una marcada línea social su poesía, en la que muestra su ideario politico y la exposición permanente de sus compromisos éticos, aunque sin renunciar a un manifiesto tono intimista.

A pesar de su ideario político y su constante muestra del mismo, su poesía no es nunca panfletaria al servicio de una ideología política, pues en sus poemas se encuentran siempre la evocación de su propia vida en las vertientes personal, familiar y social, utilizando para esas incursiones en el intimismo diferentes recursos poéticos que van desde la ironía o la sátira, la crítica ácida hasta la denuncia. Todo ello fruto de una extremada visión crítica de la sociedad, sin renunciar en su manifestación al humor que es una de las características más claras de su obra, especialmente cuando critica las costumbres burguesas con una evidente carga de mordacidad.

También existe otra nota predominante en su obra como es la importancia que le da a la propia obra poética y al oficio del poeta. Sin embargo, hay una evidente evolución en sus ideas: la que le lleva desde ial de su poesía, hasta su poemario Baja densidad, en el que afirma que el poeta es un ser distinto a los demás, como aludiendo a que no debe implicarse tanto en los temas sociales, aunque esa idea la había combatido de forma clara y contundente en el poema Un hombre que se encuentra en Claridad.

Fue miembro de la llamada Escuela de Barcelona, en la que habían nombres tan señeros de la poesía como son Jaime Gil de Biedma, Carlos Barral. José Ángel Valente y Claudio Rodríguez. En la obra de Goytisolo aparece mejor perfilada una evidente conciencia generacional que se aprecia en el rechazo estético de la primera posguerra y la preocupación ética machadiana, lo que aparece bien reflejado en el poema Homenaje en Colliure que forma parte de su poemario Claridad.

Su actividad literaria tiene como punto de partida con la publicación de El retorno (1955), que consiguió un áccesit al premio Adonais de 1954. En dicho poemario aparece, por primera vez, el tono elegíaco.que continua durante un cierto tiempo en las obras siguientes. El tema del largo poema que lo forma está dedicado a la muerte de una mujer a la que se identifica como la madre del poeta, que había fallecido víctima de los bombardeos de Barcelona durante la Guerra Civil, en el que conjuga nuevos elementos a los propios del género de la elegía.

Publica, después, Salmos al viento (1958, Premio Boscán) y Claridad (1960, Premio Ausias March) en cuyos poemarios se evidencia el tono crítico de Goytisolo, al mostrar su rebelión contra la sociedad en la que vivía, mediocre y asfixiante en sus encorsetamientos culturales e ideológicos. Salmos al viento ofrece sin lugar a duda, una carga de amargura por las duras vivencias que ha tenido y por la situación política y social del momento, que expone con ironía y una gran carga de sarcasmo que deforman la realidad y la ridiculizan, cosiguiendo con ello transformar esa realidad alienante gracias a las imágenes distorsionadas que la muestran con gran nitidez.

Claridad es, a su vez, una obra que tiene un fortísimo trasfondo biográfico, con la alusión constante a Antonio Machado y por el uso en su escritura de un marcado tono coloquial, pues intenta escribir con suma claridad que pueda ser entendida por todos. Estos tres poemarios se reunieron más tarde en una obra conjunta que lleva por título Años decisivos (1961).

Sus obras posteriores son Algo sucede (1968) y Baja tolerancia (1973). En la primera de ellas habla de temas ya tratados anteriormente como son la poesía y el oficio de poeta, el realismo crítico y la autobiografía. Baja tolerancia, a su vez, está considerada como una de sus mejores obras, y en ella aúna con atino la ironía y el lirismo. En esta obra utiliza el recurso de eliminar los signos de puntuación, y ofrece una mayor riqueza temática a través de la intensificación expresiva y una nueva forma ampliada de tratar temas anteriores.

Los primeros títulos posteriores son Taller de arquitectura, de 1977, Del templo y el olvido (1977) y Palabras para Julia (1979), libro dedicado al cantautor Paco Ibáñez, que recompilan poemas ya publicados, Otras obras son Los pasos del cazador (1981) y Sobre las circunstancias (1983), Final de un adiós (1984) obra en la que se advierte un tono de amargura y desengaño por la finitud de la vida y la muerte cercana. En la década de los ochenta publicó cuatro cuentos El príncipe malo (1983), El lobito bueno (1983), La bruja hermosa (1984) y El pirata honrado (1984).

Las siguientes obras son La noche le es propicia (1992) que recibió el Premio de la Crítica e3 1993, La Novísima oda a Barcelona (1992) y Cuadernos del Escorial (1996).

A la vez que escribía poesía, también ejercía como crítico literario, especialmente en lo que se refiere a las lenguas española, catalana e italiana. Publicó una compilación con el título de Antología cubana (1969) y otra titulada Poetas catalanes contemporáneos (1968), en versión castellana. Tradujo a ocho poetas catalanes contemporáneos como son: J. Carner, S. Espriu, G. Ferrater, M. Manent, C. Riba, B. Rosselló-Porcel y J. Vinyoli. Además, tradujo a varos poetas italianos contemporáneos: P. P. Pasolini, C. Pavese o S. Quasimodo.

Poemas de José Agustíin Goytisol

José Agustín Goytisolo



Alguna noche

Alguna noche -las fogatas eran
de dolor o de júbilo-
la casa te veía desertar.

Te abrías a una vida
distinta, a un mundo
alegre como los ojos de un dios:
voces mayores, fuegos de artificio,
inacabable noche de San Juan
en tu estancia vacía...

El tiempo se agrandaba en los rincones,
se detenía en torno al corazón,
mientras el estruendo proseguía,
lejos, lejos, quién sabe si real.

Después, todo más claro:
los sonidos pequeños, el crujido de un mueble
la lluvia en el desván.

Nueva vida a las cosas, el alba aparecía,
y tú llegabas, amorosamente.

Como la piel de un fruto, suave... *

Como la piel de un fruto, suave
a la amenaza de los dientes,
iluminada, alegre casi,
ibas camino de la muerte.

La vida estaba en todas partes:
en tu cabello, sobre el césped,
sobre la tierra que añorabas,
sobre los chopos, por tu frente...

Todo pasó, tal un verano,
sobre tu carne pura y breve.
Como la piel de un fruto, ¡eras
tan olorosa y atrayente!


Cuando todo suceda

Digo: comience el sendero a serpear
delante de la casa. Vuelva el día
vivido a transportarme
lejano entre los chopos.

Allí te esperaré.
Me anunciará tu paso el breve salto
de un pájaro en ese instante fresco y huidizo
que determina el vuelo,
y la hierba otra vez como una orilla
cederá poco a poco a tu presencia.

Te volveré a mirar, a sonreír
desde el borde del agua.
Sé lo que me dirás. Conozco el soplo
de tus labios mojados:
tardabas en llegar. Y luego un beso
repetido en el río.

De nuevo en pie siguiendo tu figura
regresaré a la casa lentamente
cuando todo suceda.

Donde tú no estuvieras *

Dónde tú no estuvieras,
como en este recinto, cercada por la vida,
en cualquier paradero, conocido o distante,
leería tu nombre.

Aquí, cuando empezaste a vivir para el mármol,
cuando se abrió a la sombra tu cuerpo desgarrado,
pusieron una fecha: diecisiete de marzo. Y suspiraron
tranquilos, y rezaron por ti. Te concluyeron.

Alrededor de ti, de lo que fuiste,
en pozos similares, y en funestos estantes,
otros, sal o ceniza, te hacen imperceptible.

Lo miro todo, lo palpo todo:
hierros, urnas, altares,
una antigua vasija, retratos carcomidos por la lluvia,
citas sagradas, nombres,
anillos de latón, sucias coronas, horribles
poesías...

Quiero ser familiar con todo esto.
Pero tu nombre sigue aquí,
tu ausencia y tu recuerdo
siguen aquí.
¡Aquí!
donde tú no estarías,
si una hermosa mañana, con música de flores,
los dioses no te hubieran olvidado.

El aire huele a humo

A Gabriel Celaya

¿Qué hará con la memoria
de esta noche tan clara
cuando todo termine?
¿Qué hacer si cae la sed
sabiendo que está lejos
la fuente en que bebía?

¿Qué hará de este deseo
de terminar mil veces
por volver a encontrarle?
¿Qué hacer cuando un mal aire
de tristeza la envuelva
igual que un maleficio?

¿Qué hará bajo el otoño
si el aire huele a humo
y a pólvora y a besos?

¿Qué hacer?¿Qué hará? Preguntas
a un azar que ya tiene
las suertes repartidas.


El oficio del poeta *

Contemplar las palabras
sobre el papel escritas,
medirlas, sopesar
su cuerpo en el conjunto
del poema, y después,
igual que un artesano,
separarse a mirar
cómo la luz emerge
de la sutil textura.

Así es el viejo oficio
del poeta, que comienza
en la idea, en el soplo
sobre el polvo infinito
de la memoria, sobre
la experiencia vivida,
la historia, los deseos,
las pasiones del hombre.

La materia del canto
nos lo ha ofrecido el pueblo
con su voz. Devolvamos
las palabras reunidas
a su auténtico dueño.

El que cuenta las campanadas

El amante de medianoche,
el que ansió que ella le siguiera,
el que cuenta las campanadas
como un enfermo desahuciado;
el que pone cara de cárcel
cuando se mira en el espejo:
es el furtivo que no duerme
acechando a su compañera,
y ella es feliz porque ahora
vive una noche tan inefable
y tan honda como la muerte.

En este mismo instante... *
En este mismo instante
hay un hombre que sufre,
un hombre torturado
tan sólo por amar
la libertad. Ignoro
dónde vive, qué lengua
habla, de qué color
tiene la piel, cómo
se llama, pero
en este mismo instante,
cuando tus ojos leen
mi pequeño poema,
ese hombre existe, grita,
se puede oír su llanto
de animal acosado,
mientras muerde sus labios
para no denunciar
a los amigos. ¿Oyes?

Un hombre solo
grita maniatado, existe
en algún sitio. ¿He dicho solo?
¿No sientes, como yo,
el dolor de su cuerpo
repetido en el tuyo?
¿No te mana la sangre
bajo los golpes ciegos?

Nadie está solo. Ahora,
en este mismo instante,
también a ti y a mí
nos tienen maniatados.

Esa flor instantánea

Miedo a perderse ambos,
vivir el uno sin el otro:
miedo a estar alejados
en el viento de la niebla,
en los pasos del día,
en la luz del relámpago,
en cualquier parte. Miedo
que les hace abrazarse,
unirse en este aire
que ahora juntos respiran.
Y se buscan y se buscan
esa flor instantánea
que cuando se consigue
se deshace en un soplo
y hay que ir a encontrar otras
en el jardín umbrío.

Miedo; bendito miedo
que propicia el deseo
la agonía y el rapto,
de los que mueren juntos
y resucitan luego.

Esos locos furiosos increíbles *

Llegan apresurados y nunca dicen para qué
ni de dónde proceden
y enseguida te piden dos mil francos
que casi siempre te han de devolver
o te quitan la toalla sin respeto
cuando te estás duchando
se ponen la colonia los polvos el masaje
la loción de tu novio o de tu hija
te arrastran a lugares espantosos o bellos
y ni siquiera piden tu opinión
y beben prodigiosamente se ponen a cantar
en cualquier parte
o arman la del gran dios en un bar miserable
y por motivos nimios
siempre siempre avasallan te compran un sombrero
o unas flores
y un día salen al galope quizá hacia los infiernos
qué desastre.

Señora caballero muchachita asustada
militante de un partido ecologista:
si se tropieza usted con uno de esos
locos furiosos increíbles
no le deje escapar llévelo a casa
son tiernos como niños
a veces tienen frío quién sabe si es porque
les han pegado duro
duermen poco se lavan todo el rato y son muy
besucones y mirones
pero cuidan los libros sacan todas las noches
el cubo de basura a la escalera
y están sólo pendientes de tener siempre
un cenicero al lado.

Tienen por fin el gran inconveniente:
se van más vuelven pronto
duran toda la vida.

La fuente perdurable

Se estremeció al contacto de las manos
y ofrecía su cuerpo al alfarero
que ella siempre anheló: primero el rostro
después el talle luego las rodillas.

¡Oh sí! Mujer de barro que se vuelve
cántaro de aguamiel vasija húmeda
copa de vino para los desmayos
maceta de albahaca taza honda

cáliz de olor jofaina regalada
pila bajo la fuente perdurable
lamparilla de aceite que alumbrara
noches sin sueño y páginas de un libro
que está por escribir. ¡Oh sí; ser barro!
Barro que ha descubierto a su alfarero.

La noche le es propicia *

Todo fue muy sencillo:
ocurrió que las manos
que ella amaba,
tomaron por sorpresa
su piel y sus cabellos;
que la lengua
descubrió su deleite.
¡Ah! detener el tiempo!

Aunque la historia
tan sólo ha comenzado
y sepa que la noche
le es propicia,
teme que con el alba
continúe su sed
igual que siempre.

Ahora el amor la invade
una vez más. ¡Oh tú
que estás bebiendo!

Apiádate de ella,
su garganta está seca,
ni hablar puede.
Pero escucha su herido,
respira la agonía
dce un éxtasis y el ruego:
¡no te vayas, no, no te vayas.
¡Quiero beber yo!

La visita

Pasada la hora de las ignominias
los viejos apagaron con tierra las fogatas
las mujeres y niños recogieron las tiendas
los hombres empuñaron el fusil.

La ruta del desierto fue muy dura:
se abrieron paso a tiros en medio de la noche
para no ser esclavos para no ser vendidos
igual que reses en su propio hogar.

Hoy con su pueblo a salvo los guerreros
han vuelto al territorio de la casa invadida
y el enemigo sabe que si alcanza un momento
a ver sus rostros es que va a morir.

¡Oh tú que me censuras pues no escribo
de dioses y me exalto por cosas de la tierra !
conoce a estos hombres: como los inmortales
luchan ardiendo por su libertad.

Las mujeres de antes *
En los Paseos junto al mar
en las sillas de mimbre de los bares
reclinadas en suaves chaises-longues de terciopelo
fumando cigarrillos atrevidos y exóticos
vestidas de colores muy decentes
o en lugares cerrados y más íntimos
mirándose al espejo
retocando sus labios y empolvándose
las mujeres de antes parecían irreales
eran como otra cosa algo distinto
pero cuando nos daban caramelos
o las fotografiaban de perfil
todos todos sabíamos que aquello se acababa
que no podía ser
que la hermosa película no iba a continuar siempre
y que la extraña joya que al parecer tenían
escondida en los pliegues del escote
o quizás entre las piernas
iba a volverse pronto mercancía barata
que ellas eran como nosotros
con sus deseos y melancolías
con sus trabajos y su desengaño.

Y entonces ¿para qué fingirse diosas
si ni ellas lo querían
y para qué tanto suspiro absurdo
tanta mano bellísima frotando en solitario
tanto dedo en saliva
si de la fiesta aquella sólo iban a quedar
algunos viejos cuadros y montones de cajas de sombreros
llenas de fotos ocres junto a discos partidos?

Le obliga a que la mire...
Es fruto agraz al paladar
y sedoso para los labios
que han conocido su contorno
y percibieron la afluencia.

Ella jugaba aquella noche
cautivada por la ternura
de una voz que a su decisión
sólo dijo: si tú lo quieres...

Ahora le obliga a que la mire,
para que vea lo que es suyo
y lo que luego ha de perder

cuando se aparte de sus ojos.
Llora conmigo, hermano... *

Llora conmigo, hermano.
Era mujer y bella. No tenía
nieve sobre los años.

De ella, de mí, de todo
te separaron. Pero el tiempo
te hadevuelto a su abrazo.

A ella y a ti os pregunto
si es posible que todo lo que amé
sea sólo un engaño.

¿Sabéis que espero, a veces,
vuestra voz, y que tengo
los oídos tapados?

¿Sabéis
que niego el pie de vuestros pasos?

Pero no importa. vivo
sobre las ruinas. Amo.

Decidme, sí, decidme,
-aunque no pueda oírlo,
aunque nunca lo crea -
que nada ha terminado.

Palabras nunca dichas

No sabía decirlas, no podía;
porque jamás las pronunciará antes,
juntas así.

La angustia la mataba,
imposible aguantar aquel anhelo
que era dolor cruel
de tan agudo.

Y las palabras nunca dichas
fueran el único remedio
en aquel trance
que alteraba su cuerpo:
de la piel, hasta lo más profundo.

Con voz rota ella pide:
¡oh tú, por caridad ayúdame
a decirte que... Palabras.

Palabras para Julia *

Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.

Hija mía, es mejor vivir
con la alegría de los hombres,
que llorar ante el muro ciego.

Te sentirás acorralada,
te sentirás perdida o sola,
tal vez querrás no haber nacido.

Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto,
que es un asunto desgraciado.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

Un hombre sólo, una mujer
así, tomados de uno en uno,
son como polvo, no son nada.

Pero yo cuando te hablo a ti,
cuando te escribo estas palabras,
pienso también en otros hombres.

Tu destino está en los demás,
tu futuro es tu propia vida,
tu dignidad es la de todos.

Otros esperan que resistas,
que les ayude tu alegría,
tu canción entre sus canciones.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.

La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares,
tendrás amor, tendrás amigos.

Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.

Perdóname, no sé decirte
nada más, pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.

Y siempre, siempre, acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

Por rincones de ayer

En lugares perdidos
contra toda esperanza
te buscaba.

En ciudades sin nombre
por rincones de ayer
te busqué.

En horas miserables
entre la sombra amarga
te buscaba.

Y cuando el desaliento
me pedía volver
te encontré.

Se oyen los pájaros... *

El alba. Se oyen los pájaros
como perdidos en la niebla;
el silencio sube sus cantos
a la penumbra de la estancia.

El percibe un temblor muy tenue
que estremece la piel que ama
dulce en su ensueño. Muy despacio
la va cubriendo con la sábana
por evitar que se desvele.

Pero unos brazos le envolvían
y se ciñeron a su cuerpo:
eternidad fue aquí lisura
miel y jazmín. Mucho más tarde
aún se oía el cantar los pájaros.

Sus horas son engaño

Triste es el territorio de la ausencia.
Sus horas son engaño
desfiguran
ruidos olores y contornos
y en sus fronteras deben entenderse
las cosas al revés.

Así el sonido
del timbre de la entrada significa
que no vas a llegar
una luz olvidada
en el piso de arriba es símbolo de muerte
de vacío en tu estancia
rumor de pasos
cuentas que te fuiste

y el olor a violetas
declara el abandono del jardín.

Y en ese mundo ¿qué debí hacer yo
príncipe derrotado
rey mendigo
sino forzar mis ojos para que retuvieran
aquel inexpresable color miel
suave y cambiante de tus cabellos.
(De "Final de un adiós")

Y saluda a su ausencia *

Noche de los amantes: la seducen
los momentos que vive. Ahora se mira,
acaricia su cuerpo muy despacio
mientras piensa por Dios que aún es hermosa.

Noche de los amantes; él se acerca,
la abraza por la espalda ante el espejo
y así enlazados van a la vidriera.
Puso la mano ahí: tacto y dulzura.

Noche de los amantes: ella observa
la iudad ardiente y cree ver su casa
lejos entre otras muchas. Mueve un brazo
y saluda a su ausencia. Y se estremece.