Ana Alejandre
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Blas de Otero |
Blas de Otero (Bilbao,1916-Madrid,1979) poeta español, considerado
uno de las más importantes voces de la poesía de la posguerra, por estar su
obra notablemente influenciada por las cuestiones metafísicas que le llevaron
hasta la vertiente social y testimonial de la época en la que vivió, y en la
que se manifestó indudablemente a lo largo de su trayectoria poética y vital
como parte de la resistencia antifranquista, a través del llamado “exilio
interior, pues a pesar de su pensamiento político no marchó al exilio como
otros muchos intelectuales y artistas coetáneos suyos.
Curso estudios en los jesuitas y,
posteriormente, Derecho en Valladolid, además de Filosofía y Letras en Madrid.
Sus inquietudes políticas, a pesar de sus orígenes burgueses pues nació en el
seno de una familia acomodada, le llevaron a ingresar en el Partido Comunista,
a raíz de un viaje que realizó a París, viviendo durante largas temporadas
tanto en Francia como en Cuba.
Sus fuertes creencias religiosas,
inducidas por la educación recibida, le llevaron a publicar su primer poemario Cántico espiritual (1942), obra en la que se aprecia la gran
influencia que en ella tienen los místicos españoles. Sin embargo, en su
segunda obra, Ángel fieramente humano
(1950), la espiritualidad deja paso a un evidente conflicto interior de
tintes metafísicos, en la que mantiene
tensos diálogos con Dios en los que se advierten ya la sombra del
nihilismo que empieza a mostrar y, también, las súplicas a un Dios distante e
inalcanzable en las que se aprecia el dolor de la duda y la confusión
espiritual en las que se debate el poeta.
La duda espiritual que ya se
manifiesta en su obra anterior, se hace más global y universal, influenciado su ánimo por las continuas
guerras que asolaron Europa y España en años anteriores, en la siguiente poemario Redoble de conciencia (1951) dejando un triste reguero de sufrimiento,
horror y muerte, lo que se hace palpable en su siguiente poemario Redoble de conciencia (1951); poemario
al que siguió Ancla (1958), volumen
recopilatorio de los dos poemarios anteriores, formado su título con la primera
sílaba del primero y la última del segundo, respectivamente, a la que se añadieron
muchos poemas inéditos. En esta obra se manifiesta de forma palpable el vacío
interior del poeta y sus constantes súplicas a Dios que no obtienen respuesta,
lo que profundiza en Blas de Otero su nihilismo existencial sobre la propia
realidad del hombre que le lleva a exclamar: ““Esto es ser hombre: horror a manos llenas”. Ancla es una obra que está considerada como poesía “bronca y desarraigada”, según
palabras de Dámaso Alonso que escribe el prólogo de la misma, y a la que
considera una obra con una gran carga de sentido religioso; pero también dotada
de una profunda desolación interior en la que no encuentra el sentido de la
existencia; pero sin abandonar en ningún momento la exultante intensidad del
lenguaje, sin olvidar las formas poéticas clásicas como es el soneto, además de
una exuberante utilización de imágenes que utiliza para proyectar los conceptos
en hábiles piruetas verbales; y mezcla de lenguajes culto y popular que se alternan, además de incorporar el collage, es decir, elementos
heterogéneos que, todos ellos, dotan
a su obra de una originalidad propia que se mantendrá a lo largo del tiempo a
pesar de la evolución que sufre su obra poética.
A partir de entonces, su obra se
hace social y abandona la metafísica para
incidir más en el plano humano y su problemática, lo que se advierte en
su siguiente poemario Pido la paz y la
palabra (1955). Esta obra se puede considerar un referente indudable del
profundo cambio que sufre su poesía, puesta pasa a manifestar una
inquebrantable convicción en la solidaridad humana, dejando atrás su anterior
escepticismo existencial y el nihilismo subyacente, para proclamar a la
esperanza como única vía salvadora del género humano y darle sentido a la
existencia. Todo ello lo realiza al hacer su voz poética el eco que repite
incansablemente” la hermandad con la tragedia viva”, lo que lo convierte en un
grito comprometido de lucha y esperanza para redimir al ser humano de las
injusticias, sufrimientos y abusos a los que es sometido a lo largo de la
historia.
Obras posteriores son En
castellano (1960), en la que sigue poniendo de manifiesto esta
preocupación social; Con la inmensa
mayoría (1961) y Hacia la
Inmensa
mayoría (1962), a modo de compendio esta última de sus obras anteriores.
Les siguieron Esto no es un libro (1963), Que
trata de España (1964), Mientras (1970)
y Poesía con nombres (1977).
Por último, Expresión y reunión (1969 y 1981), ambas ediciones de sus obras escritas y
publicadas entre 1941 y 1968.
También escribió en prosa,
especialmente del género biográfico, en su obra Historias fingidas y
verdaderas (1970).
Toda
la poesía de Blas de Otero está dominada por el tono bronco, áspero y fuerte,
en la que se advierte un acento evidente de violencia en algunos de sus versos,
en los que enfrenta a España como su interlocutora y patria, la que le
despierta sentimientos confusos y encontrados de amor-odio, en una lucha
interna que se evidencia a lo largo de su trayectoria poética.
La obra de Blas de Otero no es muy
extensa, pero eso no ha sido óbice para ser considerado uno de los mayores
exponentes de la poesía de la posguerra y con enorme influencia en poetas
posteriores, por su carga de lirismo e intenso compromiso social que se aúnan,
dando como resultado una obra de una gran intensidad, elocuencia y lirismo.