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Recital de poemas de José Agustin Goytisolo

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lunes, 27 de mayo de 2019

JOSÉ MANUEL CABALLERO BONALD

José Manuel Cabllero Bonald



por Ana Alejandre

Juan Manuel Caballero Bonald, poeta, novelista y ensayista, nació en Jerez de la Frontera, el 11 de noviembre de 1926. Hijo de padre cubano y de madre andaluza de origen francés.

Cursó sus primeros estudios en el Colegio de los Marianistas de Jerez. Su adolescencia se vio marcada por la Guerra Civil, lo que le obligo a pasar largas temporadas en la Sierra de Cádiz y en la localidad de Sanlúcar de Barrameda.

Después de finalizar la guerra, en 1944 comenzó a estudiar Náutica en Cádiz, en cuya ciudad comenzó a escribir poesía y conoció y colaboró con el grupo de poetas gaditanos llamado PlateroPosteriormente, en 1949, se traslada a Sevilla para estudiar en su Universidad filosofía y Letras, y allí conoció al grupo que editaba la revista Cántico.

Su primer premio en poesía lo obtuvo en 1950, el Premio de Poesía Platero, que le fue concedido a su poema titulado Mendigo. Continuó en Madrid sus estudios universitarios, trabajando al mismo tiempo en la I Bienal Hispanoamericana de Arte.

Comenzó a publicar en 1952, con el poemario Las adivinaciones, que le supuso el áccesit del premio Adonais, el más cotizado galardón poético. A esta obra le siguieron Memorias de poco tiempo (1954), Anteo (1956) y en 1959 publica Las horas muertas que fue galardonada con el Premio Boscán y el de la Crítica; y Pliegos de cordel que se publicó en 1963. Todos estos títulos fueron editados en una recopilación de 1969, titulada Vivir para contarlo.

En 1961 asiste en Collioure (Francia) al XX aniversario de la muerte de Antonio Machado que murió en dicha localidad en pleno exilio. A dicho acto asistieron escritores de la talla de Blas de Otero, José Ángel Valente, Ángel González, José Agustín Goytisolo, Jaime Gil de Biedma, y Carlos Barral, entre otros.

En estos años ejerció el cargo de secretario y, posteriormente, el de subdirector de la revista literaria Papeles de Son Armadans, fundada por Camilo José de Cela. Más tarde, se trasladó a Sudamérica, y se instaló en Bogotá, donde fue profesor de Literatura Española y Humanidades en la Universidad Nacional de Colombia. En dicha ciudad colaboró en la revista Mito, entre cuyos colaboradores se podía encontrar a Gabriel García Márquez, entre otros importantes escritores. Dicha revista le publicó una antología poética, titulada El papel del coro, en 1961.

En 1962 publica su primera novela Dos días de septiembre que consigue el premio Biblioteca Breve, de la editorial Seix Barral.

Regresa a España desde Hispanoamérica en 1963 y comienza a desarrollar labores editoriales. En esta época es detenido y multado por cuestiones políticas.

En 1965 viaja a Cuba donde pasa una temporada. En 1969 publica el Archivo del cante flamenco, que es un álbum de seis discos y estudio preliminar, que obtiene el Premio Nacional del Disco.

Posteriormente comienza a trabajar en el Diccionario de Lexicografía, de la Real Academia Española, trabajo que desempeñó hasta 1975 y, a partir de 1973, fue director literario de la editorial Júcar.

En 1974 publica Ágata, ojo de gato que fue premiada con el Premio Barral, al que el propio autor renuncia, y con el Premio de la Crítica.

De 1974 a 1978 fue profesor de Literatura Española Contemporánea en el Centro de Estudios Hispánicos del Bryn Mawr College.

Su obra de ensayo Luces y sombras del flamenco fue publicada en 1975, obra que se suma a otras de ensayo sobre diferentes temas como son: Narrativa cubana de la revolución (1968), Breviario del vino (1980), Luces y sombras del flamenco (1975) o Sevilla en tiempos de Cervantes (1991).

Por su actividad de miembro constituyente de la Junta Democrática, fue procesado por el Tribunal de Orden Público. Poco después, marcha de nuevo a Cuba.

Fué nombrado Presidente del Pen Club, cargo del que dimitió en 1980. Continuó su tarea de escritor, colaborando como profesor en distintas universidades y recibiendo premios, entre los que destaca el galardón poético Ibn-al-Jatib, el Premio Plaza y Janés, y el Premio Andalucía de las Letras, entre otros.

Se traslada a vivir a Montijo, frente a Doñana, en la costa atlántica gaditana, en 1995, realizando diversos viajes a Japón, Italia y Marruecos para impartir cursos en diferentes universidades y también para intervenir como participante en diversas jornadas literarias.

Comienza a publicar libros de memorias y en 2003 es autor de los guiones de los doscientos cincuenta capítulos de la serie documental“Andalucía de Cine”, que es dirigida por Manuel Gutiérrez Aragón.
La Universidad de Cádiz le nombra, en 2004, Doctor Honoris Causa. Además, recibe el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. También, en en ese mismo año, la editorial Seix Barral publica su obra poética completa.

Posteriormente, ha sido galardonado con los premios institucionales más importantes del ámbito literario como son el Premio Nacional de las Letras y el Premio Nacional de Poesía, que pone un brillante colofón a su extraordinaria carrera literaria.

Apuntes sobre su obra:

Poética

En cuanto a su obra poética de los primeros tiempos que se inscribe dentro de la llamada poética generación del 50, cabe decir que es una poesía simbolista e intimista, que refleja a un poeta que está en desacuerdo con el mundo y la situación social de la época que le ha tocado vivir. Su lenguaje es rico, profundo, muy elaborado, y tiene tintes barrocos mezclados con evidentes trazas populares y, sobre todo, coloquialistas. Todo ello, le confiere una gran autenticidad, en cuanto es expresión de un mundo personalísimo que está marcado por la experiencia y la comunión con el arte.

Sin embargo, se advierte un cambio sustancial a partir de su obra Descrédito del héroe, fechada en 1977, porque la larga etapa de silencio poético, se traduce en un marcado acento imaginativo, pero trasladado a la memoria de las propias raíces: su niñez, su tierra, sus propias experiencias tanto vitales como artísticas y su constante preocupación lingüística que se pone de manifiesto en un lenguaje exquisitamente depurado, mesurado y, por ello, deviene hermético.

Laberinto de fortuna, su siguiente publicación poética, en 1984, y, treces años después Diario de Argonida, al que califica como “un compendio de meditaciones adosadas a mi propio escepticismo”, en el que hace una clara reivindicación como escritor del derecho a inventarse la vida con los propios instrumentos que ésta le da: los recuerdos, el tiempo y la muerte, como punto y final de la obra vital, la que queda así escrita y reinventada para la posteridad en un acto rebelde a la propia mortalidad.

Narrativa

En cuanto a la narrativa, su incursión en este género fue más tardía, y comienza con la publicación de su primera novela Dos días de septiembre (1962), obra que pertenece al llamado realismo social, porque en ella se describen las injusticias, las desigualdades en un pueblo vinatero andaluz y las luchas y tensiones entre los ricos terratenientes y los trabajadores agrícolas. Pero, a pesar de la clara influencia del realismo social que impregna toda la obra, se distingue de otras de parecido estilo en cuanto que a Caballero Bonald pone más acento en la propia descripción de las anécdotas particulares, a modo de teselas que conforman el rico mosaico social que el propio conflicto o lucha de clases. Para ello, utiliza una rica variedad de técnicas narrativas, entre las que destaca el monólogo interior y sin puntuación, que ofrece un interesante contraste con la propia naturaleza de corte realista.

Su siguiente obra Ágata ojo de gato (1974), también discurre en Andalucía, pero se aparta completamente del realismo social, e irrumpe en el terreno de lo fantástico, de la lejanía espacio temporal, lo que le acerca al llamado realismo mágico.

En Toda la noche oyeron pasar pájaros (1981) y En la casa del padre (1988), obras también ambientadas en Andalucía, son nuevos experimentos con el lenguaje que es la mayor preocupación de este autor.Campo de Agramante (1992), es una nueva novela que no se puede adscribir a género alguno, porque aunque transcurre en una ciudad de la baja Andalucía, el tiempo narrativo es una amalgama entre el pasado y el presente, lo que produce un mundo intemporal y caótico.

En la novela Tiempo de guerras perdidas (1995), subtitulada “La novela de la memoria”, es un obra con una clara decisión de acercamiento a su infancia, pero no en una relación cronológica de hechos, sino en una selección de carácter mítico de recuerdos y personajes.

En 2001 publicó La costumbre de vivir, titulo que recoge sus memorias.

Mar adentro (2002), obra que refleja la pasión sentida por el mar y recoge una selección de sus escritos marítimos.



JOSÉ MANUEL CABALLERO BONALD. POESÍA



José Manuel Cabllero Bonald


Espera

Y tú me dices
que tienes los pechos rendidos de esperarme,
que te duelen los ojos de estar siempre vacíos de mi cuerpo,
que has perdido hasta el tacto de tus manos
de palpar esta ausencia por el aire,que olvidas el tamaño caliente de mi boca.

Y tú me lo dices que sabes
que me hice sangre en las palabras de repetir tu nombre,
de lastimar mis labios con la sed de tenerte,
de darle a mi memoria, registrándola a ciegas,
una nueva manera de rescatarte en vano
desde la soledad en la que tú me gritas
que sigues esperándome.

Y tú me lo dices que estás tan hecha a esta deshabitada
cerrazón de la carne que apenas si tu sombra se delata, que
apenas si eres cierta
en la oscuridad que la distancia pone entre tu cuerpo y el mío.

Mi propia profecía es mi memoria

Vuelvo a la habitación donde estoy solo
cada noche, almacén de los días
caídos ya en su espejo irreparable.
Allí, entre testimonios maniatados,
yace inmóvil mi vida, sus tributos
de tornadizo empeño.

La madera,
el temblor de la lámpara, el cristal
visionario, los frágiles
oficios de los muebles, guardan
entre sus rudimentos el continuo
reflujo de los años, la espesura
carnal de la memoria, toda
la confluencia simultánea
de olvidos y deseos que me asedian.

Mundo recuperable, lo vivido
se congrega impregnando las paredes
donde de nuevo nace lo caduco.
Reconstruidas ráfagas de historia
juntan los desperfectos del amor.
(Oh habitación a oscuras, súbitamente diáfana
bajo el fanal del tiempo imprecatorio).

Suenan rastros de luz por dentro de la noche. Estoy solo y mis manos ya denegadas, ya ofrecidas, tocan papeles (este amor, aquel sueño), olvidadas siluetas, vaticinios frustrados.

Allí mi vida a golpes
la memoria me horada cada día.
Imagen ya de mi exterminio, se realiza de nuevo cuanto ha muerto. Mi propia profecía es mi memoria: mi esperanza de ser lo que ya he sido.

(de Memorias de poco tiempo)

Diario reencuentro

Desde donde me vuelvo
a la pared, en medio de la noche,
desde donde estoy solo
cada noche, cautivo
bajo mi propia vigilancia, allí
me hallo según la fe que me fabrico
cada día.
Lavada está mi vida
en virtud de su asombro. Ayer, mañana,
viven juntos y fértiles, conforman
mi memoria conmigo.
Únicamente soy
mi libertad y mis palabras.
(De Las horas muertas)

Contrahistoria

..._Y así serás el victorioso
porque has sido el derrocado.

Ibn´Arabi

Lo que un día perdieran, nunca
volvieron ya a recuperarlo, o sólo
en los menguados términos
que algún furtivo transgresor
de códigos restara al exterminio.

Una lenta depredación con cruces
asoló las orillas
del gran río materno y hasta
la mar por donde otrora
trajeran la sabiduría
los fueron expulsando
en sucesivas hordas de barbarie.

Y allí quedó la historia
mereciendo ser sólo
reliquia degradada, pasto
de soldadescas, botín de clerecías.

Con piedras sepultaron
las piedras y con otra cultura la cultura
feraz y tolerante que opusiera
su rango al fanatismo.

Desde entonces resurge en algún tramo
de la memoria del superviviente
una atávica mezcla
de estupor y bochorno, cuyo origen
en otro nuevo origen
de la depredación se perpetúa.

(De Pliegos de cordel)

Prefiguraciones

Unas palabras son inútiles y otras
acabarán por serlo mientras
elijo para amarte más metódicamente
aquellas zonas de tu cuerpo aisladas
por algún obstinado depósito
de abulia, los recodos
quizá donde mejor se expande
ese rastro de tedio
que circula de pronto por tu vientre,
y allí pongo mi boca y hasta
la intempestiva cama acuden
las sombras venideras, se interponen
entre nosotros, dejan
un barrunto de fiebre y como un vaho
de exudación de sueño
y otras esponjas vespertinas,
y ya en lo ambiguo de la noche escucho
la predicción de la memoria: dentro
de ti me aferro igual
que recordándote, subsisto
como la espuma al borde de la espuma,
mientras se activa entre los cuerpos
la carcoma voraz de estar a solas.

Anamorfosis

Este olor a achicoria y a orujo
y a crines de caballos y a verdín
con salitre y a yerba de mi infancia
frente a África, acaso
contribuya también a perpetuar
en no sé qué recodo del recuerdo
un equívoco lastre
de amor dilapidado y de injusticia
que en contra de mí mismo cometí,
y es como si de pronto
todo el furtivo flujo del pretérito
convirtiera en rutina
la memoria que tengo de mañana.

(De Descrédito del héroe)

La botella vacía se parece a mi alma

Solícito el silencio se desliza por la mesa nocturna, rebasa el irrisorio contenido del vaso. No beberé ya más hasta tan tarde: otra vez soy el tiempo que me queda. Detrás de la penumbra yace un cuerpo desnudo y hay un chorro de música hedionda dilatando las burbujas del vidrio. Tan distante como mi juventud, pernocta entre los muebles el amorfo, el tenaz y oxidado material del deseo. Qué aviso más penúltimo amagando en las puertas, los grifos, las cortinas. Qué terror de repente de los timbres. La botella vacía se parece a mi alma.

Medborgarplatsen

Dejaban los harapos encima de los bancos como a veces se dejan los consejos en el borde herrumbroso de la noche. Todos pertenecían a una tribu ya extinta de anónimos arcángeles y se iban reuniendo en la sólita plaza después de algún errático suplicatorio de inocencia. Allí habitaban juntos y pretéritos, amorfos y silentes, con sus medallas de mendigo colgándoles del sueño a manera de lágrimas y el hedor de los años repartido en maternales bolsas de papel. Todo el tiempo del mundo era de ellos y se lo intercambiaban a escondidas con decoro magnánimo. Ofrecían su vida a cambio de absolutamente nada, pues morir era sólo una indigencia algo más perdurable que las otras. Ni siquiera su sangre de hiperbóreos los hizo conciliarse con el subsidio ártico del frío. Mas no olvidaban nunca que aquellas dosis de alcohol ganado en justas lides, daban rango de gloria a su miseria. Y allí permanecían en situación de pródigos, mientras las horas como trapos caían des¬pacito en los dulces rincones de la plaza. ¿Quién entre todos ellos creyó por un momento perdido el paraíso?

Femme nue

(Picasso)

La transgresión de la lógica conduce al predominio de la maravilla. Nada es ya subalterno: todo regresa a su veracidad más ilusoria. Es como si cada signo extraviado en el silencio reencontrara de pronto la palabra que significa todas las palabras. Vociferan las líneas, gesticulan las formas. Tan imposible como la verdad, esa mujer desnuda pertenece al terror, mitifica una historia que se engendra a sí misma. La mutación del cuerpo fluctuando en lo absorto, la carne que vulnera su norma de hermosura hasta el gustoso límite del vértigo, ¿no perpetúan la cartesiana proporción de la anarquía, esa otra estirpe sexual de la cultura cuya razón de ser consiste en su vivificante sinrazón? Nada es ya subalterno: todo retorna una vez más a su matriz. No sin ser deformada puede la realidad exhibir sus enigmas.

Después

La sensación de haber sido arrastrado aguas abajo de aquel río donde iba con ella a tramitar la vida: un fúnebre amasijo de estupor y congoja cayendo en el silencio como un chorro de vómito en la calle desierta: las venas de la historia reducidas a un miserable montoncito de estiércol: esa veraz y hospitalaria jurisdicción de su alegría, tan siempre disponible, tan de niña que no llegó a crecer más que a ratos perdidos, empozándose ya por las aterradoras catacumbas del tiempo: el cuerpo que se junta con los otros que poseerán la tierra, póstumo y vulnerable, el más necesitado de un sustento contiguo al que tenía: esos pechos tan pródigos igual que ojos enfermos que registran a ciegas a saber qué vacío: la nada que se aloja en las muchas arrugas que fueron concordando con la prolongación de su indulgencia: pulsos que ya no voy a oír desde muy lejos, mientras iba acercándome hasta la casa aquella donde siempre me estabas esperando, madre.

(De Laberinto de Fortuna)

Cotejo de fuentes

La verdinegra tapia que ceñía
el jardín del prostíbulo, en parte decorado
de rótulos obscenos, todavía conserva
los mismos desconchones inclementes,
las mismas mordeduras de musgo y de salitre
que se veían cuando yo era joven
y me asomé a la vida por allí.

Teresa Lavinagre, vieja puta
que ya andaba de adolescente en sus comercios
por los desmontes de Matafalúa,
se hospedó andando el tiempo en esa casa
cuyos muros devora el desamparo,
antes de que el hipócrita de turno la expulsase
de la miseria libre de su reino.

Era una mujer hospitalaria y jubilosa,
dotada de una magnánima variedad
de benevolencias, y ahora se extingue
al borde de la playa, cerca
de ese antiguo burdel, igual que un bulto
devuelto por la marea.

Vida dilapidada,
corazón decrépito, qué hermosura
saber que nunca hizo absolutamente nada
para evitar su propio descalabro,

Dios mío.


Summa vitae

De todo lo que amé en días inconstantes
ya sólo van quedando
rastros,
marañas,
conjeturas,
pistas dudosas, vagas informaciones:
por ejemplo, la lluvia en la lucerna
de un cuarto triste de París,

la sombra rosa de los flamboyanes
engalanando a franjas la casa familiar de Camagüey,
aquellos taciturnos rastros de Babilonia
junto a los barrizales suntuosos del Éufrates,
un arcaico crepúsculo en las Islas Galápagos,
los prolijos fantasmas
de un memorable lupanar de Cádiz,
una mañana sin errores
ante la tumba de Ibn`Arabi en un suburbio de Damasco,
el cuerpo de Manuela tendido entre los juncos de Doñana,
aquél café de Bogotá
donde iba a menudo con amigos que han muerto,
la gimiente tirantez del velamen
en la bordada previa a aquel primer naufragio...
Cosas así de simples y soberbias.
Pero de todo eso
¿qué me importa
evocar, preservar después de tan volubles comparecencias del olvido?

Nada sino una sombra
cruzándose en la noche con mi sombra.

Madinat Al-Zahra

Los que un día fundaran la suma fastuosa de estos palacios y jardines,
¿vislumbraron acaso su efímera grandeza, fueron conscientes de su fugacidad?

Y los que ahora mismo tratan de sustraer
de incurias y saqueos

tantas magnificencias devastadas,
¿saben que sólo unos vestigios les sobrevivirán?

Los hijos de los hijos
de quienes desentierran los despojos,

¿sospecharán también que nunca
alcanzarán a preservar
los pavimentos y artesones, las columnas y frisos,
baños, salones, acueductos, patios,
ese esplendor inmensurable
que hace mil años deslumbrara al mundo?

Quien ahora pasea entre escombros y atisbos inusitados de belleza, musita de repente una plegaria justiciera:
dejad
que las ruinas perpetúen su rango de ruinas, que las piedras repelan a otras piedras innobles, dejad piadosamente
que los muertos entierren a sus muertos.

(Marguerite Yourcenar,
Andalucía o las Hespérides)
(De Manual de infractores)

domingo, 19 de agosto de 2018

JOSÉ MARÍA VALVERDE



José María Valverde

José María Valverde

Poeta, ensayista y profesor, nacido en Valencia de Alcántara en  1926, y fallecido en Barcelona, en 1996. Cursó estudios universitarios en la Facultad de Filosofías y Letras de Madrid, donde se doctoró y pasó, después,  como lector  de español a la Universidad de Roma, entre los años 1950 a 1855.
Después de obtener la cátedra de Estética en la Universidad de Barcelona, en 1956, dimitió de la misma en protesta de las expulsiones de sus respectivas cátedras de los profesores Aranguren, Tierno Galván y García Calvo, por su manifiesta oposición al régimen franquista, pasando Valverde, también, a unirse al grupo de intelectuales crítico con el franquismo.
Marchó a Estados Unidos y al Canadá, países en los ejercía como asesor editorial, especialmente para la Editorial Planeta, alternando su actividad en ambos países.
Comenzó a escribir poesía muy tempranamente a los trece o catorce años, y siempre de forma apasionada. Comenzó a colaborar con las revistas GarcilasoProel y Mensaje, y pasado a formar parte del grupo literario de la Juventud Creadora que se inició hacia 1939.
Publicó su primer poemario Hombre de Dios (1945), en la que inicia su personal estilo poético en el que predomina su sentido religioso transido de un sentimiento agónico y en constante búsqueda de Dios entre la impaciencia ansiosa y la desesperanza. Esta obra plena de emotividad, profundidad y de un hondo pesimismo, que denota una fuerte influencia de Rilke y otros poetas con evidente preocupación metafísica, fue muy bien acogido por la crítica,
Continuó publicando otras obras como La espera (1949), poemario en el que se muestra la influencia machadiana y de otros poetas hispanoamericanos como son Neruda, Vallejo y otros. En este libro intenta una poesía más preocupada por la realidad, a la vida cotidiana y hacia la temporalidad, las cosas y la palabra en su concreción en su más puro significado.
Esa nueva dirección se advierte también en Versos del domingo (1954), obra inspirada en su estancia en Italia. En ella se centra en su cercanía a los seres anónimos, a los marginados, además de experimentar con estructuras formales más elaboradas y complejas, en las que se advierte alguna influencia de poetas italianos como Quasimodo y Montale.
Esta nuevo rumbo en su poesía fue mal acogido por cierto número de críticos que no veían bien su inclinación hacia la sencilla pero dura prosa de la vida, Quizás en ello estuvo también influenciado por el neorrealismo italiano cinematográfico tan en boga en esos años en Italia.
A esos poemarios sigue Voces y acompañamientos para San Mateo (1959). En dicha obra la lectura del Evangelio es el bálsamo, estímulo y esperanza, según manifestó el poeta, sumido en la gris vida diaria de profesor universitario, traductor y asesor editorial. Este poemario se compone de varias paráfrasis, en endecasílabo blanco, de fragmentos del Evangelio de San Mateo,  a las que sigue una glosa poética personal.
Al año siguiente,  Valverde publicó, en 1960, una traducción de los Evangelios, en prosa común y corriente, que llevaba como título Las Buenas Noticias del Reino de Dios. Al año siguiente, publica otro poemario con el título La conquista de este mundo, obra en la que el poeta alterna las voces (soneto-prólogo, alejandrino descriptivo, soneto-comentario personal) para intentar crear una especie de resumen o síntesis de la historia universal, en la que aunaba la admiración por la labor creadora de la humanidad llena de obstáculos, con la creencia firme de que el conjunto de esa labor de superación que es la propia historia humana no será suficiente para salvar al hombre en su propia condición genuina e íntima.
A esta producción poética antes mencionada, siguió una larga etapa de silencio y de viraje hacia una toma de conciencia política y social, en la que Valverde consiguió superar el evidente cinismo de una parte de la intelectualidad liberal que denostaba el capitalismo en la teoría pero sin renunciar a las comodidades que propicia en la práctica.
Cuando se inició la transición democrática española, volvió a su cátedra, sin abandonar su actividad política próxima a las ideas de síntesis cristiana-marxista y afín al Partido Comunista, Fue defensor de los movimientos sociales en Hispanoamérica, especialmente al movimiento sandinista nicaragüense.
Su toma de conciencia con la realidad social y política es su libro siguiente Años inciertos (1970) en la que aparecen poemas cortos que muestran una continua y necesaria "hambre y sed de justicia" y manifiesta con firmeza su incapacidad de comprensión de Dios, si no es desde el amor revelado, También se advierte en este poemario su propia situación de profesor de español en el extranjero y el desgarro y desarraigo que ello conlleva.
Más tarde, en 1971, publicó una selección de su obra poética Enseñanzas de la edad (Poesía 1945-1970),  y en 1976 apareció otro breve poemario: Ser de palabra, y otros poemas que muestra una mezcla de ensayo y poesía como afirmación de la encarnación de la poesía en el hombre. Finalmente, publico en 1990, Poesías reunidas, nueva antología personal.
No hay que olvidar su importante, rigurosa y excelente producción ensayística, entre la que hay que destacar dos trabajos de investigación lingüística: Estudios sobre la palabra poética (1952) y Guillermo de Humbolt y la filosofía del lenguaje (1955), este último fue su tesis doctoral en la Universidad de Madrid.

También su obra Cartas a un cura, escéptico en materia de arte moderno (1959) trata sobre la problemática del arte en nuestros días, siendo el título  versión irónica del famoso tratado del filósofo católico Jaime Balmes.

Durante  su estancia italiana escribió una Storia della letteratura spagnola (Historia de la literatura española), publicada en Turín, en 1955.

Otra de sus obras más destacable es la que escribió en colaboración con Martí de Riquer que lleva el título Historia de la literatura universal (1957-1959), que  tuvo numerosas reediciones y ampliaciones (cuarto volumen, La literatura de Hispanoamérica, 1977),  hasta formar un conjunto de diez volúmenes en la edición de 1984-1986. Breve historia de la literatura española (1969) es una interesante y sagaz obra de síntesis sobre dicha materia.

También destacan entre su obra ensayística los títulos dedicados a presentar la figura de diversos escritores y pensadores como son los títulos: Azorín (1972); AntonioMachado (1975); Joyce (1978); Cervantes(1991); Nietzsche, de filólogo a Anticristo, de 1993, considerado uno de los mejores estudios introductorios a la obra del filósofo alemán que se han escrito en España También, una de sus obras más reeditadas es la titulada Vida y muerte de las ideas. Otro título destacable es Pequeña historia del pensamiento occidental (1980), original obra en la que expone y explica la historia intelectual de Occidente

Otras obras ensayísticas con finalidad divulgativa  pero de gran rigor son Breve historia y antología de la estética (última reedición 1998); El barroco, una visión de conjunto (1980); La mente de nuestro siglo (1982); La literatura (1983); Movimientos literarios (1985); Viena, fin de imperio (1990), y su última publicación, Diccionario de historia (1995).

Su importante y extensa labor de traductor le supuso el Premio Nacional de Traducción en 1990. Entre dichas obras se pueden destacar sus traducciones de Rilke, Hölderlin, Goethe (Fausto), Dickens (Pickwick, etc.), el teatro completo de Shakespeare, Melville (Moby Dick, etc.), Joyce (Ulises), T. S. Eliot, Faulkner, Morgenstern y Guardini, entre otras.

Publicó varias antologías de poesía española e hispanoamericana de autores como Unamuno, Vivanco, Ernesto Cardenal, al igual que ediciones críticas de obras de Antonio Machado y Azorín. Otras obras destacables son: Salmos, elegías y oraciones (1959) y Logos (1959).

Cuando se jubiló de su actividad docente, en 1992, siguió siendo profesor emérito desde 1993. Su capacidad didáctica que muchos recuerdan por la fascinación que ejercía desde su cátedra, y su propia bonhomía, integridad y sencillez sin artificio ni vanidad, unidas a su defensa de la justicia y la libertad, convierten a Valverde en uno de los intelectuales más destacados y prestigiosos de la segunda mitad del siglo XX.

Obtuvo el Premio Ciudad de Barcelona en 1991.